¿Por qué la insatisfacción del hombre?

¿Por qué la insatisfacción del hombre?

Dios está por encima de todas las cosas, por debajo de todas las cosas, afuera y adentro de todas las cosas. Dios está encima, pero no es levantado. Está debajo, pero no es hundido. Está afuera, pero no excluido. Está adentro, pero no confinado. Dios preside por encima de todas las cosas, sostiene por debajo todas las cosas, abraza desde afuera todas las cosas y llena la parte interna de todas las cosas. Esta es la inmanencia de Dios. Dios no necesita trasladarse para ir a ningún lado. Podríamos orar: “Oh, Dios, ven a ayudarnos”, porque nos expresamos de una manera psicológica. Pero en realidad Dios no“viene” a ayudarnos, porque no hay ningún lugar en el que Dios no esté.

Las Escrituras nos enseñan también sobre la inmensidad de Dios. Isaías dice: “¿Quién midió las aguas con el hueco de su mano y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra, y pesó los montes con balanza y con pesas los collados?” (40:12).   El Espíritu Santo es más grande que todo el universo.

“He aquí que las naciones le son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo en las balanzas le son estimadas; he aquí que hace desaparecer las islas como polvo” (Isaías 40:15): Tan pequeño que Él ni siquiera las nota. “Como nada son todas las naciones delante de él; y en su comparación serán estimadas en menos que nada, y que lo que no es” (Isaías 40:17).

Algún creyente solía decir que la palabra vanidad en hebreo significa: “Una pompa de jabón”, algo que flota con una piel infinitamente delgada. Cuando se la toca, desaparece; nadie puede volver a encontrarla. Eso es lo que significa: Todas las naciones del mundo son como una pompa de jabón para Él (como espuma).

El está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar… ¿A qué, pues, me haréis semejante o me compararéis? dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio (Isaías 40:22 y 25-26).

Este pasaje probablemente sea el más osado vuelo de la imaginación jamás hecho por la mente humana. Es el pensamiento del gran Dios, el Pastor del universo, que se mueve a través de su universo, con sus miles de millones y billones de años luz, con sus mundos tan grandes que todo nuestro sistema solar se vería como un grano de arena en comparación. Y Dios sobresale por allí y llama a estos millones de mundos sus ovejas; los llama a todos por nombre y los guía a través del vasto cielo. Diría que este es el pensamiento más elevado que conozco, dentro o fuera de la Biblia. Y Dios hace esto por “la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio” (Isaías 40:26). Así como un pastor cuida a todas sus ovejas y ninguna se le pierde, Dios guarda todo su universo. Los hombres señalan las estrellas con sus pequeñísimas gafas y hablan con erudición, pero solo han estado contando las ovejas de Dios, nada más. Dios es quien gobierna su universo.

Y en los Salmos leemos: Bendice, alma mía, a Jehová. Jehová Dios mío, mucho te has engrandecido; Te has vestido de gloria y de magnificencia. El que se cubre de luz como de vestidura, Que extiende los cielos como una cortina, Que establece sus aposentos entre las aguas, El que pone las nubes por su carroza, El que anda sobre las alas del viento (104:1-3). Eso es grandeza, la inmensidad de la inmanencia de Dios, comparada con la vastedad y la pequeñez del mundo.

Sabe, es muy difícil lograr que un cristiano se asuste. Es difícil hacerlo entrar en pánico si realmente cree en Dios. Si es meramente un miembro de la iglesia, puede ponerse muy nervioso. Pero si realmente cree en Dios es muy difícil que lo haga.

¿Se preguntó usted alguna vez qué es lo que sostiene juntas todas las cosas? ¿Se ha preguntado alguna vez por qué las cosas no se desintegran?

Todas las cosas fueron creadas por el amor de Dios, Él las hizo y las ama y las guarda”. Por eso es que usted no se desintegra: Porque Dios lo hizo, Dios lo ama y lo guarda. Dios ama lo que hace, porque sería inconcebible que Dios hiciera algo que no amase.

Las personas no van a perder nada que amen si pueden evitarlo. Una madre puede perder a su bebé si muere, pero no lo hará si puede ayudarlo. Un hombre puede perder una propiedad o su automóvil o su empleo, pero no lo hará si puede evitarlo. Y así el Dios todopoderoso está en una posición de no perder nunca nada porque es capaz de no perderlo. Él lo guarda porque lo ama y lo ama porque lo hizo (¿o lo hizo porque lo ama?), no lo sé. Escuché predicar a un párroco episcopal un sermón sobre la inmortalidad. Dio una de los más magníficos razonamientos sobre la inmortalidad que jamás había oído. “La Biblia dice que Abraham era amigo de Dios”, dijo el párroco. “Ahora bien, ¿cómo podría ser que un hombre abandonara a sus amigos? Si un hombre es su amigo, usted no lo va a perder si puede evitarlo. Y si muriera usted trataría de traerlo de vuelta si pudiera. Usted conservaría a su amigo porque es su amigo. “Bien, el Dios todopoderoso puede conservar a su amigo. Por eso sabemos que Abraham regresará de entre los muertos, porque es amigo de Dios y Él no permitirá que su amigo esté sepultado y se pudra para siempre. Él lo traerá desde la tumba. Y es por eso que yo creo en la inmortalidad. Creo que Dios nos hizo y nos ama y Él guarda lo que ama”.

“Si todo esto es cierto, entonces ¿por qué no tenemos todos una gran paz en el alma y en el espíritu? ¿Por qué los cristianos no son las personas más felices, más reposadas de todo el mundo?”

“Porque buscamos nuestro descanso en cosas que son demasiado pequeñas. Procuramos encontrar placer en esas pequeñas cosas”.

¿Qué es lo que lo hace feliz a usted? ¿Qué es lo que lo alegra y le levanta la moral? ¿Es su trabajo? ¿El hecho de que tiene buena ropa? ¿Es porque se ha casado bien y tiene una buena posición? ¿Qué es exactamente lo que le produce gozo? Ese en nuestro problema. Sabemos que Dios es tan inmenso que en comparación todas las cosas de este mundo son demasiado pequeñas. Y sin embargo no somos personas felices porque nuestra mente está puesta en cosas. Multiplicamos cosas, las acrecentamos y las perfeccionamos. Embellecemos las cosas y ponemos nuestra confianza en ellas y en Dios. Tenemos nuestro trabajo y a Dios; a nuestro esposo y a Dios; nuestro fuerte cuerpo y Dios; nuestro buen trabajo y Dios; nuestro hogar y Dios. Tenemos nuestra ambición en el futuro y Dios, y de esa manera ponemos a Dios como un signo más después de todas las demás cosas. Todas las grandes almas del mundo desde David y Pablo y Agustín y todas las demás hasta las de hoy, todo escritor responsable que ha sido iluminado desde las Escrituras por medio del Espíritu Santo ha dicho lo mismo. Y sea que venga de una escuela de pensamiento cristiano o de otra, mientras sea ortodoxo y espiritual dirá lo mismo: Nuestro problema es que ponemos nuestra confianza en cosas y no en Dios.  ¿Por qué ponemos nuestra confianza en cosas tan pequeñas que Dios mantiene juntas? ¿Por qué habría yo de confiar en cosas?” Las multiplicamos, las acrecentamos, y seguimos estando ansiosos e insatisfechos. ¿Por qué? Porque todo lo que esté por debajo de Dios no nos satisfará. Dios lo hizo a su imagen y usted es así. Dios no hizo al chimpancé a su imagen. No hizo al caballo, esa sinfonía en movimiento, a su imagen. Dios no hizo a su imagen a ese precioso pájaro del cual el poeta dice: “Canta al anochecer… su nota nocturnal” a su imagen. Dios lo hizo bello, pero no lo hizo a su imagen. Dios solo lo hizo a usted a su imagen y usted está pegado a Él, tanto pecadores como cristianos. Usted fue hecho a la imagen de Dios, y nada menos que Dios puede satisfacerlo. Y aunque espere ser de esos cristianos que “meten la moneda en la ranura (es decir, con la certeza de obtener algo a cambio), obtienen la salvación, escapan del infierno y van al cielo” (esa pobre visión infantil del cielo) recuerde una cosa: Con el paso de los años encontrará que no está satisfecho con “cosas más Dios”. Usted necesitará tener a Dios menos todas las cosas. Usted podría preguntarme: “¿Usted no tiene cosas?”

Seguro que las tengo. Dios sabe que no tengo mucho, solo un montón de libros. Tengo una esposa, hijos, nietos y amigos: Tengo todo eso. Pero apenas ponga mis esperanzas y mi comodidad en esas cosas y en esas personas perderé algo de mi corazón. Mejor que no sea cosas y Dios, mejor que no sean personas y Dios:

Debe ser Dios y nada más. Luego, todo lo demás que Dios nos dé, podemos tomarlo en nuestros brazos y quererlo en nombre de Jesús. Y podemos amarlo por Él, pero sin que sea necesario para nuestra felicidad.

Si hay algo que es necesario para su felicidad eterna además de Dios, usted no es todavía la clase de cristiano que debería ser. Porque solo en Dios hay verdadero descanso. Dios se complace cuando un alma desamparada va hacia Él sencillamente, sin rodeos e íntimamente. Siente placer en que lleguemos a Él.

Esta clase de cristianismo no atrae grandes multitudes. Atrae solo a quienes tienen su corazón puesto en Dios, que quieren a Dios más que a ninguna otra cosa en el mundo. Estas personas quieren la experiencia espiritual que viene de conocer a Dios por lo que Él es. Podrían quitarles todo, pero ellos seguirían teniendo a Dios. Estas personas no son muy numerosas en ninguna localidad dada. Esta clase de cristianismo no atrae a grandes multitudes, pero seguramente atraerá a los hambrientos y sedientos y a algunos de los mejores. Y por ello Dios se complace tanto cuando gente desamparada va hacia Él, sencillamente, sin rodeos e íntimamente. Él quiere que vayamos sin toda la gran carga de la teología. Él quiere que vayamos sencillamente y sin rodeos, como un niño pequeño. Y si el Espíritu Santo lo toca, usted será así.

Add Your Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Reuniones Familiares

Todos los sábados 6pm